La venta de El Bulli o cómo funciona la amistad online. Segundo capítulo

Rodolfo cocinero que lee
Rodolfo cocinero que lee

La venta de El Bulli es culpa de Rodolfo. Me está ganando en la competencia por quién alimenta mejor su biblioteca gastronómica. Antes sólo era un contrato de fanfarronería, una onerosa prestación recíproca. Ahora eso de comprar se ha vuelto secundario para mi y así funciona la atmósfera de la Venezuela “Today” en general. La venta del deseo se llama Cómo funciona el Bulli, así Rodolfo en un pase de verónica trasnochada, toma ventaja y deja mi estantería a merced del vacío donde pudo haber encajado imponente esta pieza de consulta. Pensé que su nuevo trabajo en Félix Brasserie le iba a demorar su adicción a las tapas duras, que su condición de recién llegado a Perú y las 12 horas de adrenalina en los fogones le eran suficiente acicate. El Bulli está en Caracas y yo haré el trabajo de “il commendatore” resolviendo por el autómata proceder de confirmar una compra online. Contacto a Andrea hasta ese momento “la vendedora” y mientras le escribo voy pensando qué ilusión me dará desprender a la mercader de un Ferran Adriá y dejarlo en buenas manos.

La venta online de El Bulli

La compra y venta online es como ir a catastro: no genera sentimiento alguno, sólo que los venezolanos conspiran a favor del cotilleo y la nube se les hace impersonal. Indagan con placer a los operadores de callcenter, en la cita médica o en las ventas online de segunda mano. En fin. Rodolfo me da los datos de “la vendedora” de El Bulli (el libro que promete contar cómo funciona tener más de dos millones de solicitudes al año para asistir al mejor restaurante del planeta ). Se llama Andrea y se supone que luego del saludo frío vía whatsaap quedan dos pasos: pagar el libro y buscarlo.  No así Andrea tenía una historia que de no ser por su curiosidad en mirar el avatar de mi aplicación nadie hubiera reparado el acto de escribir esta crónica.

Andrea

Confirmé la compra de Cómo funciona El Bulli, recibí un primer mensaje menguado y en contraste a la nostálgica confirmación, Andrea me lanzó la pregunta:

-por su foto pregunto: ¿es de la gente de “Saber y comer” ?-

"El azar ayuda a los que encuentran sin buscar"
“El azar ayuda a los que encuentran sin buscar”

“El azar ayuda a los que encuentran sin buscar”, se lee en Los cuadernos de la gula de Ben Ami Fihman. “La vendedora” se llama Andrea, amante del buen comer y de los libros. Revisé en un video su según muy modesta colección de libros, un paseo por las caprichosas publicaciones de la fundación Polar sobre El Cacao, los documentos de la gastronomía en Venezuela de Lovera, “la trilogía” de Miro Popic, como Andrea los mencionó entre tantas delicias. Cartay y Carrera Damas me hicieron efervecer, así como un manuscrito, de Andrea que inmortaliza la historia sobre el encuentro de tres bibliófilos, porque siempre tendré reniego a reconocerme un ratón, así sea de biblioteca.

 

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